Mitos antiguos de Mesopotamia

Mitos antiguos de Mesopotamia

Nannar es el dios lunar de Mesopotamia, si nos ceñimos a lo que dicen los mitos antiguos, su sabiduría fue ampliamente aprovechada por las antiguas civilizaciones de la región, ya que gracias a él pudieron obtener conocimientos relacionados tanto a la astronomía, como a la astrología.

Su representación más icónica en los textos ancestrales es la de un hombre de edad avanzada que poseía cuernos, barba y que además estaba montado sobre un toro con alas.

Otro de sus rasgos representativos era la fase lunar conocida como “Luna creciente”. Se dice que el toro era nada más y nada menos que una alusión a su propio padre, otra de las grandes deidades de la cultura mesopotámica.

El número que se tenía para representarlo, era el treinta. Los estudiosos sugieren que esto se debía a que justamente el ciclo lunar demora de veintinueve a treinta días en cumplirse. Es decir, dicho periodo de renovación concluye con la llegada de la luna nueva.

Por su parte, los sumerios le dieron a Nannar el nombre de Sin. Uno de los principales santuarios de esta deidad se encontraba en el templo conocido como “Casa de la gran luz”.

La descendiente directa del monarca era la encargada de vigilar que el templo permaneciera inmutable. También se le dio la tarea de encabezar todas las ceremonias en las que se le rendía culto. Cabe destacar, que el puesto de sacerdotisa fue trascendente para su época, ya que en ese entonces a las mujeres por lo general no se les asignaba un rol de tanta importancia.

La segunda capilla en importancia era la que se ubicaba en la “Casa de la alegría”. El fervor que despertó en los lugareños, hizo que su culto se extendiera a las ciudades más importantes de la región, como era el caso de Babilonia. En próximas entregas, hablaremos de otras omnipotencias del mundo antiguo.