Leyendas cortas verdaderas

Leyendas cortas verdaderas

En diciembre de 2008 varios noticieros de la unión americana informaron que dos trenes de pasajeros habían chocado a gran velocidad. En el accidente fallecieron 25 personas, entre las cuales se encontraba Charles Peck, un hombre de entre 45 y 50 años de edad.

Velozmente su familia se comunicó a la estación de policía. Allí les informaron que en ese momento no les podían ofrecer ningún dato al respecto, debido a que las cuadrillas de rescatistas se encontraban sacando los restos de las personas que quedaron atrapadas entre los vagones.

Después de esa llamada, el teléfono de la casa del señor Peck comenzó a sonar reiteradamente. Varios de los individuos que se encontraban en el domicilio, vieron en el identificador de llamadas que quien estaba intentando comunicarse era el propio Charles.

Su prometida, quien lo esperaba desde en la mañana descolgó el aparato en varias ocasiones, más lo único que pudo escuchar fue estática. Por si eso fuera poco, más de 12 horas después de que se supo del accidente, los otros parientes de Charles también recibieron llamadas, tanto a sus teléfonos particulares como a sus móviles.

Se piensa que fueron más de 35 llamadas las que salieron del aparato de Peck. Como era de suponerse, las esperanzas de que aquel hombre estuviera vivo, siguieron aumentando. Inclusive algunos de sus familiares se comunicaron de nuevo con los rescatistas, con el propósito de decirles que siguieran buscando a Charles, pues las llamadas no cesaban.

Sin embargo, el motivo por la que esté historia se convirtió en una de esas leyendas cortas verdaderas es porque cuando el cuerpo del señor Peck fue hallado, los forenses dijeron que había muerto de manera instantánea.

Entonces ¿quién fue la persona que tomó el celular? Tal vez fue alguno de los sobrevivientes pidiendo auxilio. Pero… Si esta es la explicación, ¿por qué las llamadas iban dirigidas única y excepcionalmente a los familiares de Charles?

Para complementar esta leyenda, sólo me resta decirte que dicho accidente se debió a una imprudencia por parte del conductor, pues este iba mandando mensajes de texto en el momento en el que chocó con otro tren.