Leyendas cortas de brujas malvadas


Cuenta la leyenda que en un pueblo llamado San Bartolo, la gente vivía muy feliz, pues aquella era una tierra próspera en la que no existía prácticamente ningún problema. Sin embargo, un día arribó a ese lugar un trío de misteriosas mujeres.

Las tres llegaron en el tren de las 7:00 de la noche, procedente de Santa Marta. Lo extraño de estas damas es que llegaron al pueblo con muchísimo dinero. De acuerdo a lo que se sabe, ellas eran hijas de un minero sumamente rico quien las había heredado en vida

Pronto se adueñaron de los locales más importantes. Fue en ese momento cuando los moradores comenzaron a decir que aquellas damas eran unas hechiceras malvadas y que si no hacían algo para enviarlas a otro lugar, la desventura y mala fortuna llegaría a ellos.

Las leyendas cortas de brujas empezaron a expandirse por otros condados. Sin embargo, nadie hizo nada hasta que una muchacha desapareció enigmáticamente. Se trataba de Begoña Rodríguez, una joven de apenas dieciséis años quien era querida tanto por su familia como por todos los que la rodeaban.

Era una chica muy bella y de buenos sentimientos. La policía hizo un retrato hablado de ella y lo pegaron en distintos lugares para ver si alguien la encontraba.

El tiempo pasó y seguía sin haber rastro alguno de Begoña, esto hizo que la gendarmería enviara a un destacamento especial a la casa de las tres hermanas, pues durante todo el lapso de búsqueda nadie las había visto.

Una de ellas les abrió la puerta a los gendarmes y ellos registraron la casa de arriba abajo sin hallar a la chica. Sin embargo, en uno de los cuartos se encontró una diadema de color rojo, misma que según reportes la muchacha traía el día de su desaparición.

Continuaron las indagaciones hasta que alguien vio que en las noches de luna llena salían luces extrañas de debajo de la casa de las “brujas”. De nuevo la policía acudió al domicilio y esa vez pudo comprobar que los reportes de actividad extraña eran ciertos.

Penetraron a la fuerza en la propiedad y entraron hasta el sótano de la misma en donde encontraron muchos implementos extravagantes. Por ejemplo, había un caldero gigantesco de hierro forjado, varias escobas y recipientes de vidrio propios de un laboratorio.

Lo peor fue que en un clóset que había en esa misma habitación, encontraron el cuerpo de Begoña mutilado. Además, ahora la piel de la joven era de color verde y sus ojos habían saltado de sus cuencas.

– ¡No la toque, su transformación aún no ha sido terminada! Dijo una de las hermanas, mientras se preparaban a esposarla.

– ¿Transformación? Preguntó uno de los policías.

– Si, ustedes no entienden. Replicó la mujer.

En ese instante entraron las otras dos damas y diciendo unas palabras extrañas, lograron que la otra mujer se liberara de las esposas. Pronto, una de ellas tomó en brazos a Begoña y todas se desvanecieron sin dejar rastro.

Me contaron que los policías salieron corriendo de la casa tratando de darles alcance, pero que quedaron aterrados al ver a las brujas montadas en sus escobas flotando en el cielo frente a la luna.