Leyenda del payaso travieso

Leyenda del payaso travieso

Corría ya la tercera noche de octubre, Pamela se encontraba ansiosa preparando las decoraciones de Halloween, pues no quería perder una vez más antes su vecina Soledad, como venía sucediendo desde hacía ya más de diez años.

La rivalidad de ambas mujeres era intensa en cualquier campo de la vida, sin embargo, concentraron gran parte de su energía en algo que resultara llamativo y notorio para las personas alrededor, terminando así compitiendo en cada festividad.

Ambas pusieron sus mejores esfuerzos, logrando la excelencia en su ornamentación, esto atrajo a cientos de curiosos de todas partes, no solamente la gente del barrio; pronto las calles del vecindario se encontraron inundadas de extraños, y las competidoras se regocijaban gustosas en su éxito, recibiendo halagos por montones y acumulando fanáticos.

Al paso de los días, casi habían olvidado su necesidad de triunfo, o de humillación hacia la adversaria, hasta que de repente, al levantarse un mañana, el jardín de Pamela amaneció desecho, de aquel decorado tan espléndido no quedaban más que despojos, a los cuales la mujer aprisionaba entre sus manos, en un abrazo lleno de odio, de resentimiento, que avivaba la llama de aquella vieja rencilla.

Fue fácil suponer que la envidia de la vecina había actuado, así que Pamela, antes de cometer algún acto de locura, puso cámaras en el perímetro y levantó nuevamente los ornamentos, esta vez casi al punto de lo sublime.

La mañana siguiente, fue el jardín de soledad el que apareció maltrecho, ella, sin embargo, no tuvo la calma que su vecina y se lanzó inmediatamente a reclamarle, pateando tumbas, arrancando telarañas, arremetiendo incluso contra las flores. Se hicieron de gritos, a punto de los golpes, pero de una forma extraña, llegaron a entenderse, se sirvieron un café, y se sentaron a ver el video de las cámaras de vigilancia de Sandra. Quien obviamente las había colocado directamente hacia la casa de Soledad, esperando tener una prueba contundente contra ella.

Tan solo unos segundos bastaron para que ambas mujeres se olvidaran del pasado y terminaran abrazadas. A lo lejos, en el punto de máximo alcance las cámaras, se veía una sombra, de movimientos erráticos, en ocasiones robóticos, que se acercaba lentamente, llegando a la cerca se detuvo, observó, con calma, abrió la puerta de igual manera, y se tomó todo el tiempo del mundo para hacer destrozos a diestra y siniestra.

Una vez que hubo terminado con su trabajo de destrucción, fue hasta la puerta de Pamela, se quedó inmóvil, mirando fijamente hacia la cámara, a simple vista, lucia como un payaso, pero había algo en su cuerpo, en su rostro, algo que revolvía las entrañas, que acongojaba y disminuía el corazón, que robaba el aire. Y es que aquella apariencia no era proporcionada para nada por un disfraz, lucia natural, como si su piel realmente fuese blanca, el cabello de colores y la nariz colorada.

Además, su mirada, esa mirada vacía, que evocaba dolor, sufrimiento, desesperación, ambas quisieron salir corriendo, pero estaban paralizadas, la mirada de aquel payaso las tenía hipnotizadas, incapaces de tomar conciencia, solamente presas del miedo.

Esta es sola una de tantas historias que han venido sucediendo alrededor del mundo en los últimos días, principalmente en estados Unidos, lugar en que estos seres se llevan consigo a los niños.

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