Cuentos cortos alucinantes

Cuentos cortos alucinantes

A Fabiola le gustaba ir al parque a jugar todas las tardes, después de haber terminado su tarea. Ahí pasaba un tiempo muy agradable con tus amigos del colegio y además aprovechaba para comerse un rico helado de coco.

En época de primavera, los cuidadores del parque permitían que los niños cortaran frutas de los árboles. Sin embargo, había una zona en ese lugar que estaba resguardada por una cerca de madera.

Detrás de ella se encontraba un naranjo tupido de frutos. Aprovechando que los guardias se distrajeron, la niña brincó la cerca y con gran habilidad trepó hasta llegar a las ramas más altas. Agitando una de gran tamaño que tenía a su lado izquierdo, hizo que varias naranjas se cayeran al piso.

Las frutas eran de un gran tamaño y de una tonalidad amarilla brillante.

De pronto, Fabiola escuchó la voz de un adulto:

– ¡Niña, deja eso ahí!

Sin embargo, la pequeña alcanzó a guardarse una naranja en uno de sus bolsillos. Llegó a su casa, esperó a que su madre estuviera entretenida viendo las telenovelas y después se encerró en el cuarto de lavado, para disfrutar de su fruta sin ser molestada por su hermano pequeño.

Ni en todos los cuentos cortos alucinantes que hayas leído antes, te aseguro que te hubieras imaginado algo tan horrible como lo encontró Fabiola dentro de la naranja.

Los gajos del fruto eran de color carmesí. En el momento en el que arrancó uno de ellos, un borbotón de sangre inundó el piso de la habitación. La niña quedó congelada después de ese hallazgo.

Su madre al escuchar los gritos de su niña dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a buscarla. Cuando lo encontró vio que en el piso de la habitación estaba la cáscara de la naranja, mientras que Fabiola se encontraba en un rincón del cuarto llorando desconsolada.